
Me parece que uno de los encuentros más interesantes en las recientes celebraciones en México, es el que ha desatado la revista cultural Letras Libres en su último número, que corresponde al mes de julio. El motivo central de dicha publicación ha sido un homenaje (si acaso) hacia la “máxima casa de estudios” de este país. Recomiendo harto que vayan con su voceador favorito y, aunado a su periódico predilecto (excepto los que leen el Reforma porque ése no está con la Unión de voceadores), inviertan un poquito en el número citado. Para quienes no quieren invertir, pueden leer los textos en interné en el sitio web de dicha revista(http://www.letraslibres.com/).
En fin, en estas breves líneas no puede uno colocar todo un análisis sistemático y absolutamente riguroso, pero sí se puede hacer mención de algunas curiosidades que escribieron con sus letras libres algunos de nuestros más intelectuales intelectuales. En específico, hay que llamar la atención a una suerte de sección titulada “UNAM: reflexiones críticas” que le contiene lo que viene siendo tres ensayos y una entrevista; aquéllos bajo las firmas de Gabriel Zaid, Javier Garciadiego y Enrique Krauze, y la última es de Guillermo Sheridan guiada por las preguntas de Luisa Bonilla. Los textos de Krauze y Garciadiego son más bien ensayos históricos donde el primero analiza el quehacer cultural de Vasconcelos y el segundo afirma que, en realidad, la UNAM, tal y como es ahora, se parece más al modelo que Vasconcelos concibió diez años después que la Universidad Nacional inaugurada en 1910 por Justo Sierra y que, de hecho, la Universidad poco tiene que ver con esta última. Por tanto, la "Máxima casa de estudios" está cumpliendo 90 y no 100 años. Naturalmente, dado que estos ensayos son “reflexiones críticas” uno puede pensar: “qué mal que la UNAM no se ha dado cuenta de que no tiene 100 años, sino 90. ¿Qué haríamos sin la agudeza reflexiva de Garciadiego?” Quizá lo que pretendía con su ensayo era ahorrarle al país diez años de presupuesto para los festejos de la UNAM.
Por su parte, Krauze, que nunca deja de contar historias, narra algunos pasajes de la gestión cultural vasconcelista poniendo énfasis en cómo concebía la educación y cómo la llevó a cabo. Pero, de pronto, como guíado por la musa Clío, llega a unas partes de agudeza conceptual e incisiva y hasta depredadora reflexión, donde nos narra la relación entre Diego Rivera y el fundador de la SEP (quien le enconmendó a aquél que decorara el edificio de la Secretaría de Educación), así como la neurosis de Vasconcelos porque en la formación de los mexicanos apareciera Buda. Y después de tan profunda reflexión, si uno lee con cierta inquietud, puede decirse a sí mismo: “caray, esto debe entrañar el secreto de por qué la UNAM es como es: Diego Rivera no pintó todos los murales de CU y nadie habla académicamente de Buda, por eso la UNAM está como está”. Pero, el chisme está sabroso. Con todo, lo cierto es que uno aprende algunas cosas de Vasconcelos, pero casi nada (y digo casi por temor a equivocarme) de “reflexión crítica sobre la UNAM”.
Por otro lado, Zaid y Sheridan se acercan más una crítica de la situación actual de la Universidad. El primero señala el aumento administrativo y presupuestal de la UNAM en contraste con la laboriosidad académica de la institución... y ya. Bueno, sí da cifras y cita algunas bases de datos donde aparecen dichas cifras y hasta coloca, a modo de ilustración, una tabla comparativa de presupuestos. Ahora bien, hasta donde creo, todos los grandes pensadores, al hacer una crítica, van dado atisbos ―al menos eso― de una posible solución ante el problema planteado. Es más, la solución se antoja parte de la crítica porque puede tomarse como aquello que no se vio al momento de postular lo criticado. Sin embargo, Zaid señala el problema, pero no indica nada más. Quizá lo que el autor desea transmitir es que la Universidad debe dejar de pedir presupuesto, tal vez correr más personal administrativo y esperar que los académicos brillen quitando los dos obstáculos anteriores. Pero más allá de esto, uno puede preguntarle a cualquiera que estudie en la UNAM (o siquiera se acerque) si piensa que hay una “hinchazón administrativa”, o sea, si hay mucha burocracia y gente trabajando administrativamente, y la inmensa mayoría dirá que así es. Lo cual quiere decir que la reflexión crítica hecha por Zaid es, en realidad, una verdad evidente clara para todo mundo… Pero bueno, alguien tenía que buscar las estadísticas que la confirmaran, ¿no?
Y por último Sheridan. Nunca me decepciona. En honor a la verdad, hay que decir que su entrevista es la más interesante porque aborda diversas problemáticas universitarias. Ciertamente, tiene un punto de vista muy tajante, pero no considero que sea descabellado ni reprobable. Sin embargo, hay algunas ideas sugerentes que sólo quedan enunciadas pero poco desarrolladas; aunque quizá esto se deba más al formato de entrevista que a la intención del autor. Como sea, Sheridan requiere un análisis más cuidadoso, pues considero que sí es una reflexión la que lleva a cabo, aunque con varios prejuicios que trae a cuestas. Quizá una primera observación a su reflexión sea que la UNAM no apoya la mediocridad por el fomento de la mediocridad misma, como parece afirmar el autor. Para empezar, tendría que aclarar cuáles son los criterios adecuados para indicar que la Universidad está sumida en la mediocridad y, sobre todo, tendría que explicar por qué dichos criterios y no otros. Es verdad que el autor señala, acaso implícitamente, el asunto de las patentes como criterio de producción universitaria y, al hacerlo, compara a la “Máxima casa de estudios” con el ITESM (por cierto que esto desató un conflicto entre Sheridan y el Dr. Javier Flores, columnista de La Jornada. El pleito se puede degustar aquí). Pero me parece que juzgar a TODA la UNAM con un criterio que atañe a sólo un sector de la Universidad (o sea, esencialmente a licenciaturas científicas o médicas, a menos que ya se hagan patentes de leyes en Derecho) es, a todas luces, un error argumentativo. Es como decir que ―supongamos― dado que la revista Algarabía produce más lectores que Letras Libres siendo ambas revistas culturales, se sigue que ésta última tiene un problema que debe solucionar porque, teniendo a escritores de mayor renombre -sin ofender a la primera revista-, obtiene menos lectores. Esto, claramente, es un craso error.
En fin, no quisiera extenderme más de lo que ya he abusado; pero lo cierto es que eso de “reflexiones críticas” en el último número de Letras Libres parece haberles quedado muy grande para los textos ofrecidos. Y, por favor, que no se entienda esto como una defensa a-crítica hacia la UNAM, porque ciertamente hay muchos aspectos que son altamente cuestionables pero que difícilmente pueden ser abordados con seriedad en un artículo de revista y, menos aún, en el post de un Blog amateur (por lo menos no en el mío). Pero, sin duda, la capacidad crítica se nota desde la pertinencia o impertinencia con la que se titula una reflexión y, creo, esto es fundamental en el ejercicio crítico riguroso. No obstante, no hay que caer en el desprecio, pues los textos referidos son agradables e, incluso, ilustrativos en lo referente a la situación presente e histórica de la Universidad; sólo que se debe tener cuidado de no creer ciegamente en lo dicho por tan egregios pensadores porque, de ser así, traicionaríamos, precisamente, lo que quieren fomentar. O, dicho de otra manera, no hay que dejarse encadenar por las Letras Libres.
2 expresiones del ser:
Como siempre, agudo y preciso. Adoro tus reflexiones (que sí son críticas) porque nos hacen cuestionar a los intelectuales intelectuales que, algunas veces, olvidan que hay gente que sí lee y piensa.
Quisiera leer, ahora, algo referente a Monsi. Digo, si se puede.
Caray, es que de Monsi aún me falta indagar un poquitín más, pero lo intentaré.
Gracias por las porras.
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